lunes, 25 de mayo de 2009

EL CRESPÍN


Por José R. Farías
joseramonfarias@yahoo.com.ar

Historiador-Escritor
Columnista
Para ChacoMundo
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La mayoría sino todas las aves sudamericanas han sido clasificadas científicamente, dándoseles un nombre en latín o griego. Con el Crespín no han tenido un encuentro los estudiosos al parecer porque figura en muy pocos diccionarios y éstos se limitan a decir “ave de argentina y países limítrofes de canto parecido al cuclillo”.

De la experiencia personal y relatos de campesinos he recogido la historia de que el Crespín o Crispín es un alma en pena que vaga por los montes buscando la redención. Cuando alguien imita su canto, el ave se acerca hasta el osado mortal para castigarlo por burlarse de su desgracia. Recuerdo que vecinos de alguna de las escuelitas rurales donde trabajé, contaban como cierto experiencias donde el Crespín los castigaba de manera extraña, porque no veían formas sino que recibían golpes, o sin entenderlo caían al piso de sus cabalgaduras o bicicletas empujados por una fuerza invisible por el solo hecho de “contestar” su silbido. La receta para conjurar los peligros invariablemente en nuestros campos es elevar oraciones, santiguarse o simplemente solicitar protección a Dios.

Personalmente realicé la experiencia de “contestar” el silbido. Comprobé que rápidamente sin dejar de emitir su canto el pájaro se acerca hasta quedar muy cerca, pero allí termina la cosa. No hay castigo ni transformaciones. La timidez del Crespín hace que evite el contacto con los humanos. Si uno consigue ocultarse puede llegar a cantar en la copa del árbol que sirve de refugio. Pude observar que se parece a un “pirincho”, con cola larga de tamaño parecido al hornerito pero de color marrón claro y “bataraz”.

La explicación lógica descorre el manto de misterio y fantasía que cubre a este solitario animal. Como muchas especies no viven en pareja, pero cuando llega la época de apareamiento el macho marca un territorio en el monte y silba para atraer a su pareja que asegurará la continuidad de la especie. La hembra que ingrese dentro de los límites de su coto nupcial (que pueden ser varias) vivirá el romance veraniego que finaliza con el nacimiento de su prole anual. La presencia de otro macho hace que el dueño del territorio reaccione buscando pelea, la que se produce sólo si el que silba es otro Crespín. Coincide la época de celo con las festividades católicas del día de los santos difuntos. Tal vez allí encontremos la razón por la cual se asocia su presencia con almas en pena. En todo el norte argentino escuchamos su silbido, cuando los calores calientan la atmósfera. Éstos recrudecen desde noviembre a enero. Y como siempre los pueblos con menor desarrollo intelectual han creado la leyenda para explicar su origen. Se dice que fue una mujer desamorada que gustaba mucho del baile. Era tan fuerte su afición que abandonó a su esposo llamado Crespín para dedicarse a gozar de la danza en todas las reuniones de la comarca donde residía. Enterada de una grave enfermedad de su marido regresa encontrando a éste enfermo. Inmediatamente sale a buscar a la curandera, pero da con un baile en el camino y la tentación es fuerte. Finalizada la reunión cuando regresa con ayuda ya estaba muerto el enfermo. Dios le propina castigo transformándola en solitaria ave que silba llamando con remordimiento a su cónyuge fallecido.

Otra versión muy difundida en la República del Paraguay, es que una pareja joven tenían ciertas desavenencias. La mujer era amante del baile. Su afición vencía cualquier razonamiento, ya que no resistía ingresar a un baile cuando estaba cerca. Dice la leyenda que cierta vez, a pesar del pedido del esposo, la joven asiste a un baile cercano sola. Baila desenfrenadamente, siendo requerida por los varones que allí se encontraban, pedidos que ella complacía alegremente. El esposo muy celoso, pero pacífico observó desde el bosque que rodeaba la fiesta, como ella se entregaba a muchos brazos con entusiasmo. Profundamente dolorido se internó en los bosques para ahogar sus penas, perdiéndose para siempre en la espesura. Finalizado el baile la joven, nota la ausencia de su marido y también se interna en los bosques llamándolo insistentemente, transformada en ave por castigo divino.
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COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES:
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José Luis – Chaco – Argentina
Lo de Crispin yo lo tenía por otro mito parecido. Una vez la acompañe a mi mamá a una curandera de aquí (Campo Largo) y aunque ya no me acuerdo como salió la conversación, la curandera había dicho que el bicho era de muy mala suerte porque era un resentido del cielo.
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